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martes, 9 de febrero de 2010

Musitando


Luces tan ígnea
Musitando las líneas de un libro
De hojas gastadas por el sol
Por millones de ojos-dedos.
Tus pestañas alguna vez
Pertenecieron a las nubes?
No contestes las respuestas
Sobreentendidas e innecesarias.
Ya conozco tu caminar descalzo
De elegancia común.
Ya conozco tu timbre descomunal
En ternura y alevosía por las maneras
Amaneradas.
Te ves tan enérgica, cuando peleas
Con las flores por un rayo de sol.
Te quiero en mi alcoba
Jugando con la ventana a que
Me alumbras más que la luz
Que se cuela por ella.
Tus labios se los robaste al bosque?
Ya te pedí que no me respondieras
Es obligado tu silencio o es que acaso
Se molesto tu orgullo innato con
Mi desfachatada falta de moralidad?
Luces tan fugaz cuando sonríes
Soy descarado por mirar donde tus
Ojos no residen?
Seguramente le robaste tus formas
Al camino, ese por el que viniste
Una mañana mojadísima en lluvia.
En lluvia y sueños tardíos, de una
Juventud que me abandono hace
Casi siglos, pero que sigue dejando
Rastros en mi almohada descuidada.
Ahora te sonrojas, siempre pensaré
En voz alta cuando estés aquí
Desnudas mi sesera y todo es
Transparente cuando el brillo
De tus pupilas atraviesa la corteza.
De un árbol o algo no tan resistente.
Te dije que ya conozco tus movimientos
No separes el cabello de tus mejillas
Sé que te apetece comértelo, cual ramas
De abedul que acariciaste coquetamente
Aquella noche caminando alrededor
De un lago que salio de mis ojos.
Si, tal vez estoy loco, pero te conozco
Y eso la locura no me lo quitará.
Las huellas de tus posesiones robadas
Las marcas de tus manos intactas de paz.
Accede a caminar sobre mi virginidad, querida.
No sonrías, dime que si y hazlo. O tu sonrisa
Me invita a forzarte?Ahora miras los pliegues de tu falda.
No querida, no te preocupes…
No se arrugara si nos acostamos sobre ella.

Edmund


A mi no se me ha ido del seso, las manos de Edmund jugando en mi falda, ni las miradas angustiadas de las criadas.
A mi no se me escapaba, el morbo que perseguía desnuda en las noches, tratando de encontrar consuelo, a mi alma egocéntrica y mi cuerpo hambriento.
Aún recuerdo las noches en vela jugando a que tú me querías y Edmund era un latido, un suspiro y una muerte pequeña; Edmund representaba no solo un remolino de colores, sino aquel óleo en el que se materializò tu sonrisa que pende despacio, ensuciándose de décadas en un muro que no miran mas los extraños admirados.
A mi no se me van tus manos hambrientas, ni tus escapadas y la agilidad para forzar una cerradura, que era lo único que nos separaba, y las criadas angustiadas, prometiendo esconder con secretos caseros, las marcas que tu boca con dulce veneno, sembraba en mi piel.
No se me escapa aún tu último suspiro, ni la mancha de sangre en el vestido, ni la sensaciòn de ahogarme en un corcè.
Aún no se me olvida, la razón de aquel puñal escondido en mi cinto, los celos que perturbaban hasta tu entrega mas blanca alimentando mi locura mas mordaz.
Y aún no me perdono-sobre todo- el no haberte creído, y no haber siquiera compasión sentido, cuando hundí el cuchillo en tu corazón que creía sólo mio.
Desde entonces permanezco, y aún escucho vagamente, que engañas a la cerradura, para colarte una vez mas en mi cama, y entonces no me muevo, ni respiro... y te espero.